La salsa de ajo y aceite tradicional, cremosa y con el punto justo de intensidad.
La base perfecta para mil salsas derivadas, lista en cinco minutos.
La salsa blanca clásica para croquetas, lasañas y gratinados.
El aliño de toda la vida para ensaladas y verduras a la plancha.
La salsa argentina de perejil y ajo, imprescindible para las carnes a la parrilla.
La salsa italiana de albahaca y piñones, perfecta para pasta fresca.
Sopa griega de alubias blancas con verduras y aceite de oliva, considerada el plato nacional griego.
Plokkfiskur, una cremosa mezcla de pescado y patata cocida, típica de la cocina islandesa.
Tostas galesas cubiertas con una cremosa salsa de queso cheddar y mostaza gratinada.
Pollo troceado guisado con cerveza, cebolla y tomate, tierno y con una salsa muy sabrosa.
Chuletillas de cordero a la brasa o a la plancha, sencillas y muy sabrosas.
Filetes de merluza rebozados en huevo y harina, fritos hasta quedar dorados y crujientes.